Mohenjo Daro
Mohenjo-Daro, actualmente Pakistán. La mayor ciudad de la antigua Civilización del Valle del Indo (aprox. 2500 – 1750 a C), de estructura matriarcal. Ruinas de las casas de un barrio residencial, donde se distinguen excavados algunos pozos cilíndricos para el abastecimiento de agua. Fuente: fotoaleph.com.

En las sociedades matriarcales, la administración estaba en manos de la mujer, y los bienes pasaban de madres a hijas (1). Con el surgimiento del sistema de herencia patrilineal, se establece el matrimonio como la única vía de saber a qué hombre pertenece la descendencia; de ahí la atadura social de la mujer al hogar.

Sin embargo, estamos acostumbrados a aprender de la madre, a recibir de ella las instrucciones fundamentales para la supervivencia, desde el principio. Ese registro queda almacenado en la memoria subconsciente y continúa ejerciendo una influencia sobre nosotros, generando una mayor predisposición a recibir instrucciones de la mujer, a quien obedecemos sin conflicto.

Teniendo en cuenta lo anteriormente mencionado, ¿cómo llegamos a la sociedad patriarcal? El sistema patriarcal da prioridad a la colectividad (el estado, el ejército, la empresa) en detrimento del individuo. El matriarcal, da prioridad al individuo.

Justamente por esa diferencia el sistema patriarcal se impuso, porque contó con la fuerza de la colectividad. El matriarcal puede ser más amable para el ser humano, estar más en concordancia con su sensibilidad individual, pero perdió históricamente en favor de la fuerza (muchas veces bruta) del grupo.

En otro ámbito, la misma diferencia se nota a la hora de tomar las decisiones en una comunidad cualquiera. La democracia tal como la conocemos contempla una minoría descontenta, que se somete al deseo de la mayoría. En la democracia consensuada, que consiste en alcanzar el asentimiento de todos los que participan de la decisión, está la posibilidad de que la mayoría cambie de opinión gracias a un solo miembro que piense diferente. Obviamente, esta opción sólo es viable si hay una compartida voluntad de acuerdo y un soberano respeto por la opinión del otro, lo que probablemente aún está muy por encima de la media alcanzada por el género humano.

En el hogar, manda el hombre. En la nación, manda el estado. Y así continúan las cosas para la gran mayoría de las comunidades humanas…

(1) Para más informaciones sobre las sociedades prehelénicas matrilineales, recomendamos la novela El vellocino de oro, de Robert Graves. Para conocer el funcionamiento de una sociedad matriarcal en la actualidad, remitimos al lector a la obra El reino de las mujeres, de Ricardo Coler. Y finalmente, recomendamos en especial la lectura de la ficción histórica Yo recuerdo…, de DeRose, en la cual se encuentra una visión de cómo podría haber sido la estructura social de la Civilización del Valle del Indo.


Esta fue una nueva entrega de la columna Calidad de vida en práctica de la instructora de Método DeRose Yael Barcesat. Como siempre, te invitamos a dejar tus comentarios o sugerencias en la sección de abajo.

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